domingo 21 de octubre de 2007

La clase creativa en las organizaciones


¿Cómo diseñar herramientas o sistemas que permitan que las organizaciones sean más innovadoras (en forma sostenible)? Creo que una pista de esto (y mi idea es también conversar en relación a otras teorías y prácticas que se están dando en el mundo) está en algunos puntos que plantea el profesor Richard Florida, aunque este último se refiera a ciudades y no organizaciones específicamente.

En su libro “The Rise of the Creative Class”, el mismo propone que las claves del crecimiento económico en las últimas décadas son la tecnología, el talento y la tolerancia (las 3 T). Además, indica que la “creative class”, la clase creativa que menciona Richard Florida (artistas, programadores informáticos, profesores universitarios, diseñadores, especialistas en Capital Humano, trabajadores del conocimiento), genera un enorme valor económico en las ciudades (o regiones) donde se establecen y se ha calculado que se trata de un tercio en promedio de la población total de la misma. También ha indicado que las ciudades más "creativas" han crecido más en las últimas décadas, generando empleo de mayor calidad y con salarios más altos (Menciona a Boston o San Francisco como algunos ejemplos).

¿Qué motiva a la clase creativa a establecerse en un lugar?

Obviamente buscan que se les pague correctamente, aunque realmente los motiva el vivir en entornos urbanos atractivos en cuanto a su tolerancia hacia modos de vida no estándar (eso me cuerda escribir en algún momento sobre la posible evolución de la gestión de la diversidad) y a sus posibilidades culturales y de entretenimiento. O sea, los que pertenecen a la clase creativa requieren un ecosistema vibrante donde se sientan tanto cómodos como inspirados.

Creo que podemos trasladar el concepto de Florida (al menos en forma parcial) a las organizaciones y su relación con la innovación. ¿Estamos creando organizaciones donde la clase creativa desee trabajar? Se me ocurre simplemente un puñado de organizaciones donde existe una verdadera “gestión de la clase creativa”.

Pensando en aprovechar el enorme valor económico que generan los miembros de la clase creativa, deberíamos pensar en sistemas que impliquen al menos lo siguiente:

  • Implementar una gestión de la clase creativa, donde gestores específicos se dediquen a crear las condiciones propicias para el asentamiento de la misma. De cualquier manera, aunque esto supone una decisión de la alta dirección, deberían ser ellos (la clase creativa) quienes vayan moldeando la organización.
  • Desarrollar un programa desarrollo y capacitación abierta, que implique una planificación de carrera que vaya más allá de los intereses de la organización. Aclaro que esto no implica dejar de lado los objetivos estratégicos del negocio sino complementarlos con los de cada individuo para permitir un crecimiento compartido.

Al mismo tiempo considero que un proceso de gestión de la clase creativa que también debe estar complementado con un modelo similar al implementado por Toyota donde sea toda la organización la que pueda diseñar e incorporar pequeñas mejoras en los procesos. Al no hacer esto último, se correría el riesgo de generar una gran asimetría (lo que no se consideren pertenecientes a la clase creativa se sentirían menospreciados) y no habría un autentico aprovechamiento del talento de todo el conjunto de las personas.

Atraer a la clase creativa no implica generar una elite en las organizaciones: Implica incorporar personas con talentos diversos que ayuden a construir un sistema de aprendizaje dinámico e introduzcan nuevas formas de creación de valor.