Esta es la primera parte de una “conversación” que quiero construir en relación al desarrollo y capacitación del capital humano en
Dicho esto, no soy de los que creen que el talento argentino es superior al de los países centrales: Creo que existe mucho potencial e ideas que se pueden implementar rápidamente. También creo que debemos cambiar los sistemas educativos a nivel nacional para desarrollar la capacidad emprendedora y de innovación y generar programas específicos a nivel comunitario y organizacional (en organizaciones de trabajo privadas, agencias de gobierno y otros tipos de organización).
Considero que existe una “Argentina Creativa” que es fascinante, aunque excesivamente anárquica, inestable y difusa, un potencial que no va para ningún lugar en forma coherente. El verdadero paso es crear una Argentina Innovadora Sostenible.
Mi idea es ir planteando posibles caminos (conceptos, programas, plataformas) para el desarrollo del talento de la “Argentina Innovadora”.
Me gustaría iniciar este viaje indicando un pensamiento que tengo desde hace bastante tiempo: Aunque admiro profundamente los modelos educacionales de EE.UU., Europa (sé que plantearlo así es un especie de "reduccionismo") o Japón, creo que la clave está en utilizar varios elementos de estos modelos que detallaré de aquí en más (en varios post) y crear un modelo relevante a nuestros rasgos culturales esenciales y potencial como sociedad.
Primero, creo que debemos crear una escuela o colegio que no estén separado por materias sino determinado por núcleos temáticos incluso soluciones a desarrollar. Les doy un ejemplo práctico: De uno de los alumnos puede surgir la idea de generar una revista, para esto deben comprender el valor del talento personal y grupal, aprender herramientas para redacción o literatura, herramientas informáticas, procesos de impresión, administración, entre otros temas.
La escuela de la “Argentina Innovadora” implica expertos en varias disciplinas, aunque también facilitadores de procesos, analistas de grupos, etc.
Segundo, creo que debemos incorporar el capital emocional a las aulas. Mejor dicho, verlo como un elemento primordial de la construcción de conocimientos y la relación entre los grupos. Lo que siempre se ve en las organizaciones es que las personas no fracasan por su falta de capacidad intelectual, sino que tienden a hacerlo por la emocionalidad y estado de ánimo. Por esto mismo, la tolerancia a la frustración, la habilidad de reconocer el talento del otro, la cooperación son condiciones necesarias para el desarrollo de cualquier disciplina.
Tercero, generar un programa que implique asumir la diversidad del talento humano. De esto se ha hablado hasta el cansancio, pero nos encontramos (me incluyo en esto) argumentando que una persona es “inteligente” o no tomando modelos del pasado (pésimos modelos) que reconocemos limitados y no los cambiamos. Y al mismo tiempo, la realidad nos muestra personas con enormes habilidades para la matemática que no comprenden la emocionalidad del más simple soneto, personas con gran habilidad deportiva que no pueden sumar y restar, chicos que pueden esculpir con gran expresividad sin poder patear una pelota de goma espuma… ¿Cómo algo tan obvio es tan poco trabajado en los sistemas educativos? Es hora no sólo de entender las diferencias en las inteligencias de las personas, sino en el valor de la complementariedad que nos llevará a la “Argentina Innovadora”.
Los argentinos nos destacamos por lo que yo considero que son “talentos extremos individuales”: Gran habilidad individual para un área disciplinaria. aunque tendemos a ser pésimos en la comprensión de la complejidad y potencialidad del trabajo en equipo. Esto último es un cliché y un déjà vu de la historia argentina.
Mi idea es iniciar un diálogo en relación a algunos puntos clave que hacen a al relación entre innovación, educación y el desarrollo sostenible de Argentina.
Sigamos conversando.

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